viernes, 13 de febrero de 2009

VISITA Y REENCUENTRO

CAPITULO 1º



Yo acababa de dejar todo listo sobre la cama cuando alguien grito a la puerta. Era ella. Vestida con una minifalda escocesa de tablas, que apenas le tapaba la cola, una polera ajustada, ligas negras y un portaligas. Tal y como yo le había indicado que lo hiciera. No se veía en extremo contenta, pero la conozco lo suficiente como para saber que estaba muy a gusto con lo que le iba a pasar.

Saque la cabeza por la ventana del segundo piso y le dije que ya bajaba; que entrara al antejardín mientras tanto, que la reja estaba abierta. Ella hizo caso, y entro a la casa como lo había hecho tantas veces.

Su pelo estaba tomado en una especie de tomate o cola, que por el hecho de ser hombre no se como nombrar. Pero dejaba ver su hermoso cuello, tentador, suave y calido; tal y como yo lo recordaba. Sus pechos se veían también tentadores, en esa polerita ajustada y escotada; el negro siempre le había venido bien.

Yo ya estaba caliente hace rato, de solo pensar en todo lo que haríamos. Todo lo que ella siempre se dejaba hacer, y todo lo que ella hacia… y decía. Así que baje la escalera rápido.

Abrí la puerta sin pensar antes en que le diría. No habíamos hablado hacía ya mucho, no de buenas maneras al menos. Aun la odiaba pese a lo mucho que me calentaba. Algo dentro de mi quería darle dolor y placer, como a ella le gustaba, pero con una rabia oscura y sádica. El dolor era lo que importaba, que a ella le produjera placer era solo un bono extra. Estoy seguro de que ella lo sabia, o se lo imaginaba. Ella estaba allí casi sonriendo y meneando un poco el cuerpo entre ansias y alegría de tenerme a su merced; de cierta forma al menos. Y yo sin saber que decir. Así que no dije nada y la invite a pasar con un gesto.

Ella entro sin decir hola. Se sonrió al pasar junto a mí mientras me embriagaba con su perfume. Al alejarse de mí en dirección al living meneo su colita para ponerme cachondo; y con esa mini falda tan cortita lo logro. Luego se dio vuelta, y no se que cara debo haber tenido pero se sonrió de oreja a oreja. Entonces bajo su mirada a mi erección y se llevo un dedo a la boca y lo mordió sonriendo; con esa sonrisa de niña buena con malos pensamientos, tan suya. Se acerco. Yo tome la bufanda que había dejado en la entrada de la casa justo para ese momento; moví uno de mis dedos diciéndole que se acercara. Ella meneo la cabeza en negativa aun sonriendo.

-¿Estas enojado?- Pregunto.

No tenia ningún caso ocultarlo, mi cara siempre ha sido transparente y ella me conoce bien. Por lo que moví la cabeza en afirmación, mientras ella caminaba hacia mí, muy sonriente y coqueta; haciendo sonar sus zapatos e tacón sobre el piso. Yo aun no quería dirigirle la palabra.

Llego junto a mí y estiro una de sus manos que puso sobre mi pecho, luego se acerco algo más. Con su sonrisa, de saber que en parte esto ocurría contra mi voluntad, bajo su mano de mí pecho a mi paquete. Con suavidad acaricio mi verga, mientras, sabia, atacaba mi ego. Estando tan cerca se envaro para besarme; pero mi metro ochenta de altura dejo su boca lejos de la mía. Supo entonces que no quería besarla y que ella no podría besarme si yo no lo quería.

Apoyo sus ricas tetas contra mi y mientras seguía acariciando mi verga por sobre el pantalón. Sin dejar de sonreír dijo -El si quiere.-

Vio que el comentario me molesto un poco, pero no se sorprendió de eso, ni de que mi mano izquierda tomara su cintura. Yo ya estaba tratando de tomármelo lo mejor posible; tal y como había acordado hacerlo conmigo mismo, días atrás. Trate de no pensar y solo sentir su aroma entre mis brazos de nuevo, y su mano en mi verga. Poco alcance a mentalizarme cuando sus labios se movieron para decirme -No te enojes. Yo voy a ser una niña muy buena, y voy a hacer todo lo que mi dueño me diga que haga.-

-¿Todo lo que tu amo te diga, putita?- Pregunte incrédulo, y más caliente que antes.

-Todo, todo.- Respondió ella con ternura, diciendo si con la cabeza. Y una sonrisa maliciosa volvió a apoderarse de su rostro mientras apretaba con más fuerza mi verga y con su otra mano apretó mi culo. Ella tenia muy claro que me encanta que me agarren el culo.

-Todo es muy amplio putita ¿Estas segura de que lo vas a cumplir?- Yo quería asegurarme de que ella cumpliría su parte del trato; pues no es muy buena cumpliendo tratos.

-Si, todo. Incluso me voy a quedar muy quieta mientras mi amo me penetra el culito.- Fue su respuesta. Mi erección fue la mía.

Me acerque a su cara y ella estiro el cuello para besarme; pero yo la tome del mentón con mi mano derecha, y le levante la cabeza para morder su cuello. Ella se dejo hacer mientras pasaba mis labios por tan delicioso cuello, la sentí estremecerse cuando abrí mi boca para rozarla con mi lengua. Gimió cuando hundí mis dientes en su cuello; sin mucha delicadeza, debo decir.

Mi mano izquierda paso de su cintura a pegarla contra mi cuerpo, y agarrar su colita, tan rica, por debajo de su falda. Le abrí el culo apretando y tirando una de sus nalgas; todo mientras mordía su cuello y ella gemía, en susurros de placer. Entonces toque su conchita por sobre sus pantaletas de encaje, cuyo color hasta entonces desconocía. Comprobé que estaba bien mojada y jugué con su húmeda conchita por sobre el encaje. Ella dejo de gemir y comenzó a respirar fuerte y a jadear.

Entonces la tome de las caderas y la giré de golpe; abrí un poco las piernas para quedar más a su altura, y deje su precioso culito pegado a mi paquete. Ella tal y como prometió se dejo hacer. Mis manos bajaron de sus caderas a su entrepierna mientras sus manos subían a perderse en mi pelo suelto y largo. Mis labios, mi lengua y mis dientes seguían jugando y mordiendo su cuello. Ella jadeaba y respiraba fuerte, mientras jugaba con mi pelo y se dejaba tocar; caliente como la puta que es.

Dejé de tocar su entrepierna, por debajo de la falda y volví a tomar la bufanda, impregnada de mi perfume. Le rodee la cintura con ella, apretando su cola, la cual ella paro, contra mi erección. De allí la fui subiendo por su vientre y sus tetas hasta llegar a su cuello. La ahorque un poco con ella; le susurre en el oído -Sácate la polera.- Y la solté. Ella se separo de mí y obedeció quedando solo en sostén delante mío. Luego se acerco y de nuevo me acaricio la verga por sobre el pantalón.

-Me gustaría saludarlo. Déjalo salir a jugar.- Dijo con su mejor voz de niña buena. Tomo mi cinturón e intento abrirlo sin éxito. -Pucha. Nunca puedo.- Fue su infantil y sonriente reclamo.

-¿Le quieres chupar la verga a tu dueño?- Le pregunte, dejando la bufanda sobre mi hombro y dirigiendo mis manos a mi cinturón.

-Si. Le quiero dar un beso.- Fue su coqueta respuesta.

-Arrodíllate.- Le ordene mientras me abría el pantalón, y sin ropa interior sacaba mi afeitada y dura verga, para que se la pudiera meter en la boca a gusto.

Ella obedeció, tal y como había prometido. Se arrodillo frente a mi erección y la tomo con su mano derecha del tronco y con la izquierda la acaricio, desde la punta hasta dejar su mano en mis testículos. -Que grande esta.- Dijo antes de pasarle la lengua y darle un beso en la punta; luego comenzó a lamerla toda, para al fin meterla dentro de su boca y comenzar a chuparla, soltando gemidos de gusto.

-¿La echabas de menos?- Le pregunte sin saber por que, mientras mi respiración se hacia más pesada y comenzaba a soltar algunos gemidos de mi parte. Ella subía y bajaba sus labios por mi tronco succionando y jugando con su lengua, mientras acariciaba mis testículos; tal y como yo le había enseñado, tanto tiempo atrás.

Saco mi verga de su boca sonriéndome para contestarme. -¿Tu que crees?- Y volvió a lamerla desde la punta, bajado por el tronco hasta llegar a mis afeitados testículos, los cuales beso y lamió con devoción. Mientras con su mano derecha me masturbaba mi mojada erección, y me producía un intenso placer.

-Yo creo que echabas de menos algo así de grande en tu boca.- Le respondí con los ojos cerrados, en un suspiro de placer.

Ella abrió sus grandes ojos cafés para mirar fijamente a los míos un momento, y luego volvio a cerrarlos y a concentrarse me chupar como ella sabia que me encantaba. Yo la tome del pelo con un mano y acaricié su rostro con al otra. Dios que placer me estaba dando; era demasiado así que después de unos minutos más la separe. Mi verga estaba roja y toda mojada. Ella tenía esa mirada de desear más.

-Tranquila que ya habrá más.- Le dije adivinando sus pensamientos. Ella sonriendo se puso de pie. Entonces le puse la bufanda sobre los ojos y la vendé. La hice volver a girarse y pase mis manos por su vientre desnudo, y las subí por sus costillas hasta meterlas debajo de su sostén y acariciar sus tetas. Pellizqué ligeramente sus pezones, mientras le volvía a morder el cuello. Ella tomo mi verga que jugaba en la piel de su espalda y comenzó a masturbarme. Yo termine de sacarle el sostén, el cual quedo tirado, al igual que su polera, en el living. La cogí fuerte por el pelo y la hice caminar hacia la escalera. Ella acepto sin ninguna resistencia, aun sujetándome por la verga erecta y algo húmeda.

Antes de subir la escalera la acerque a la pared, haciendo que sus deliciosos pezones y sus ricas tetas tocaran la fría pared de ladrillo y yeso. Ella se sobresaltó un poco, al sentir el frío; pero con una risita demostró su aceptación ante mi juego. Puso sus manos en la pared y se quedo ahí mientras yo manoseaba su culito firme, tratando de llegar a su conchita con mis dedos.

-Para la cola.- Le ordene. Ella separo sus pechos de la pared y levanto su delicioso culo; provocando que la micro falda escocesa fuera incapaz de cubrirlo. Dejando ver la gloria de su rosado y casi translucido encaje cubriendo su coño depilado y mojado.

Le di una fuerte nalgada, incapaz de contenerme. Luego aproveche para meter mis dedos entro sus nalgas, y tocar su conchita por encima del rosado encaje, con mi mano izquierda. Deseaba la textura de sus labios vaginales, de su humedad, de su suavidad. Ella respiraba con fuerza y daba susurros de placer inmersa en su calentura. Con la mano derecha le di otra nalgada; antes de bajarle las pantaletas, y dejárselas a medio camino en sus muslos. Entonces toque sus mojados labios, tratando de llegar a su clítoris, para luego meterle mi dedo mediano dentro; y comprobar así, su divina estreches. Con mi mano derecha le di otra nalgada, atento a su gemido; mientras seguía jugando con sus labios y de vez en cuando introduciendo un dedo en su coño.

Ella estiro hacia atrás una de sus manos, buscando encontrar y tocar mi verga. Pero yo la tome firme por el pelo y le dije -Manos contra la pared.- Ella obedeció sin decir nada. Y en premio metí en su conchita dos dedos en lugar de uno. Deje mi índice y meñique fuera, e introduje mi anular y mediano, lo más profundo que pude; encontré el cuello de su útero y comencé a acariciarlo en círculos. Produciéndole un placer que sus suspiros no buscaban ocultar. Comenzó a moverse, a ondular su cola. Y yo a rotar mis dedos, dentro de ella, más y más rápido. Sus suspiros se convirtieron pronto en jadeos.

Unte mi pulgar derecho en su humedad, que iba en aumento, y con el comencé a acariciarle la entrada de su culito. Si le molesto nada dijo y solo se dejo hacer, mientras comenzaba a jadear más fuerte. A poco la entrada de su culo se iba dilatando hasta dejar entrar la yema de mi pulgar. No quise penetrar su rosada entrada; consiente de que el roce por fuera era lo que más disfrutaba, en un principio. Saque mi mano derecha de su colita parada y rote mi posición a un costado de ella. Con mi mano derecha comencé a acariciar sus tetas.

-¿Esta rico?- La interrogue, conociendo ante mano su respuesta.

-Siiiiiiii.- Respondió ella en un largo cruce entre susurro y gemido. Mientras mis dedos rotaban alrededor del cuello de su útero, y traban de introducirse lo más posible, dentro del mar en el que se transformaba su conchita.

-¿Te gusta como te toca tu dueño, putita? También conocía la respuesta. Quería oírla. Quería oírla desde hacia tiempo. Me calentaba en extremo escucharla; y sabía bien que a ella la ponía muy cachonda y muy putita el hablar, viéndose forzada a responderme.

-Me encanta.- Fue su respuesta. En un gemido no muy fuerte, pero menos confundible con un susurro. Meneaba su cola en busca de placer, y trataba de separar las piernas lo máximo que el permitía su rosada pantaleta. Pero en esa posición, el tocarla así era muy incomodo y mis dedos ya comenzaban a dolerme; atrapados en su mojada estreches.

Deje de rotarlos en su interior para dejarlos quietos y mover mi mano. Pues mi pulgar izquierdo en la entrada de su culito, y comencé a presionar ligeramente, sobando en pequeños círculos durante un momento. Solo para asegurarme de que se siguiera dilatando de apoco. Al tiempo que pellizcaba un poco sus duros y gruesos pezones de deidad pagana. Luego solo deje mi pulgar ahí. Y con mi anular y mediano dentro de su coño mojado, mi meñique y mi índice en la posición de los cuernos del heavy metal; empecé a mover toda mi mano izquierda de arriba hacía abajo. Penetrándola fuertemente con mis dedos, punzando su punto G. Sus susurros acabaron, ahora todo eran gemidos y respiración entre cortada. Ya no meneaba la cola ni movía las caderas. Ahora sus piernas le flaqueaban, mientras se deshacía en jugos y gemidos, cada vez más fuertes y más roncos.

-¿Quién es tu dueño?- Le pregunte, con una sonrisa maliciosa en mis labios. Ella estaba demasiado ocupada gimiendo; llegue a dudar que me hubiera oído siquiera. Sus hermosas piernas parecían no poder con su poco peso. Mi mano, la misma mano que al estaba volviendo loca, con el simple movimiento de arriba a bajo; debía sujetar su peso y evitar que cayera, y que eso le impidiera llegar a su primer orgasmo.

Sus gemidos continuaban “in crescendo”. Sus jugos llegaban hasta su pantaleta, derramándose desde su conchita por el interior de sus muslos. Su orgasmo se acercaba rápidamente, pero aun le faltaba; por lo que pellizque con fuerza su pezón izquierdo, y escuche sus gemidos crecer, comenzar a convertirse en gritos de placer.

Me dedique a mirar su rostro. Observe como, a pesar de no poder ver sus ojos en blanco, por la venda; su boca abierta y su respiración pesada mutaban sus facciones en una hermosa mueca de placer. No pude contener mi calentura. Y justo cuando entraba en el primero de sus, inconfundibles, orgasmos múltiples; me acerque a su cubierta oreja.

-¿Quién es tu amo putita?- Le pregunte de nuevo, ahora a un volumen más alto. Dejándola sentir mi respiración en su rostro.

Ella no respondió de inmediato. Trato de articular palabras, y al no permitírselo el placer se mordió el labio inferior, tratando de dejar de gritar. Ella sabía lo que pasaría si no me respondía; había pasado antes, era mi amenaza de siempre para cuando no me respondía. Aun así se lo dije. Por calentarme más, por calentarla más; para recordarle que estaba en mis manos y a mi merced.

-Respóndeme, o paro putita.- Fue mi amenaza. Ella soltó otro grito, entrecortado por su respiración, y trato de controlarse. Sus piernas volvieron a flaquear, y estuvo a punto de caerse. Pero esa breve interrupción sirvió para que pudiera responderme.

-Ahhhhh. ¡Tuuuuuuuu! ¡Tu eres mi amo!- Fue su orgásmica y gritada respuesta.

Abandone su pezón izquierdo, y le pellizque el derecho con fuerza. Para que ninguno sintiera celos del otro. Al tiempo moví mi cansada mano izquierda lo más rápido que pude. Premiando su respuesta, con mayor intensidad en su corrida. Su conchita exploto en jugos. Y cuando sus piernas fallaron por completo y se flexionaron sus rodillas; yo baje con ella sin soltar su pezón ni dejar de mover mi mano. Con mi rostro pegado su mejilla, la sentí convulsionarse hasta el último instante en que saque de golpe mis dedos de su interior.

Transpirada, cansada, y respirando fuertemente por la boca; la ayude a sentarse en al escalera. Le quite su pantaleta de encaje rosado, y la mire con diversión. Acaricie sus firmes tetas con ambas manos para ayudarla relajarse. De a poco una sonrisa se dibujo en sus labios, mientras aun jadeaba de cansancio.

Nunca entenderé alas mujeres, en ese aspecto al menos. Los hombres hacemos todo el trabajo y ellas son las que terminan muertas.

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