lunes, 23 de febrero de 2009

CAPITULO 3º

Visita y Reencuentro




Ella se incorporo y me quito las botas y pantalones; dejándome completamente desnudo, con mi verga bajando después del intenso placer. Ella de pie, dejo mis pantalones a un lado y se dispuso a quitarse su micro falda.

-No.- Le ordene, en un monosílabo interrumpido por mi fuerte respiración. La muy putita me miro con su sonrisa cachonda y se acerco a mí

-¿Quiere que me la deje puesta?- Me pregunto arrodillándose a los pies de la escalera.

Moví la cabeza en afirmación; incapaz, de momento, de decir algo más.

-¿Mi dueño se quiere coger a su putita, con la faldita puesta?- Sonrió aun más, con sus labios separados mostrando su perfecta dentadura. Y ahí arrodillada puso su mano izquierda en el pasamanos de la escalera y con la otra comenzó a tocar su coñito depilado para mí. Yo volví a calentarme de inmediato; y mi verga que se desinflaba, se puso dura de nuevo con el solo espectáculo.

Se masturbo unos instantes con su rostro cerca de mí, mostrándome con descaro el placer que se provocaba. Sus ojos se entre cerraron, y sus labios se entre abrieron. Separo algo más sus piernas, allí arrodillada. Su boca se abrió apenas y comenzó a suspirar de placer. Quito su mano del pasamanos y la puso en mi nueva erección; aun arrodillada pero con su cabeza en alto, casi a la altura de mis ojos. Comenzó a jadear; y pude notar como movía su mano de forma distinta. Ya no tenía sus dedos a fuera, y su humedad se escuchaba. Cerró los ojos por completo y soltó un leve gemido, justo antes de sacar su mano derecha de su exquisito coño.

Llevo su mojada mano derecha, empapada de su líquido caliente, a mi verga; y lo unto por toda mi erección, su exquisito aroma se coló en mi nariz. Cuando vio que no era suficiente llevo su mano de nuevo a su coño y volvió a mojarse los dedos. Yo tenía mi cerebro a punto de reventar por lo caliente que me estaba poniendo, imaginándome ya lo que haría a continuación. Llevo su mano, recién empapada del néctar de su coño, de nuevo a mi verga y termino de untarla, ensuciarla, bendecirla. Entonces y mirándome a los ojos, sin quitar su mirada de ellos, se devoro mi verga y comenzó a saborear su sabor sobre ella. Cerró los ojos y la chupo, succiono y disfruto en su boca.

-Ohhh… Perra.- Fue mi elogio. Soltado en un suspiro de placer.

Ella dejo de chupar para lamer el resto de mi verga. Toda la parte de mi pene que no le cabía en al boca.
-¿Mi amo me va a dar toda su leche?- Pregunto en un derroche de perversión y pecado. Mirándome directamente a los ojos, dejando mi verga pegada a sus labios, esperando mi respuesta.

-Si. En todos tus agujeros putita. ¿Te la quieres tragar?-

-SI.- Respondió ella, y acaricio la parte de debajo de mi glande con su suave lengua.

-Y yo quiero hacer que te la tragues toda putita. Pero ahora no.- Le dije tomándola por el pelo y separándola de mi verga. Ella no opuso mucha resistencia; conciente de que siempre podría salirme con la mía, con solo preguntarle quien era su dueño. La obligue a arrodillarse derecha y me levante.

Me incorpore y, sin soltarla del pelo, me acerque a su lindo rostro. Tan cerca como para que ella pensara que iba a besarla. Entonces la gire por el pelo y susurre una pregunta en su oído.

-¿Te gusta tu sabor en mi verga putita?-

-Si.-

-Pues a mi también me encanta tu sabor de diosa puta. Y estaba apunto de probarlo de tu coño cuando me interrumpiste.- De su pelo la lleve a la escalera, a que ocupara el mismo escalón en el que estaba antes. Pero la mantuve erguida, sin dejar que se acostara. Me incline a recoger la bufanda; ella aprovecho para acariciar mis testículos con una mano y llevarse mi verga a la boca con la otra.

-Ohhh… Puta.- La elogie con una sonrisa. Y mientras me daba placer con sus calientes labios y mojada lengua, la volví a vendar.

-Basta perra. Recuéstate y ábrele las piernas a tu amo como la puta que eres.- Me dio una ultima y fuerte succionada, y luego un beso en el glande. Apoyo sus codos en los escalones y luego se recostó; dejando la cabeza hacía atrás apoyada en un escalón, justo como lo había hecho antes. Con la salvedad de que esta vez, abrió la piernas tanto como se lo permitió el ancho de la escalera; se levanto la micro falda de tablas, y con sus suaves manos separo sus labios vaginales, abriendo sus coño como una flor para mi.

-¿Así le gusta, mi amo?-

Yo casi no podía creerlo. Estaba más puta que nunca. O su actual dueño le había enseñado nuevos trucos, o no la cogía como a ella le gustaba; y tenia deseos de sentirse bien puta desde hacía rato. Como fuera, su mojado y depilado coño estaba esperando a mi lengua, y yo con suerte aguantaba mis deseos de lamerla toda.

Me abalance sobre su depilada conchita y apreté fuerte mi lengua contra su clítoris. Ella dio un gemido sin soltar sus labios, dejando su coño bien abierto para mí. Su conchita me supo, como siempre, a gloria. Una gloria agridulce, jugosa y tierna. Apreté su clítoris con mis labios y luego baje mi lengua hasta la entrada de su culito; desde allí recorrí con un poco más de delicadeza, solo un poco, el camino hasta su monte de Venus. Volví a bajar hasta la entrada de su cola y repetí el proceso llegando solo hasta su clítoris; en el cual me detuve unos instantes, para hacerla sentir la vibración de mi lengua. Luego volví a bajar, esta vez me detuve para hacer vibrar mi lengua en la entrada de su culito. Ella suspiraba fuerte, aun sin soltar sus labios; su respiración se hacia más profunda. Decidí entonces darle una ultima pasada a toda esa suavidad depilada y mojada, y dedicarme, por un rato, de lleno a su clítoris. Ella comenzó a jadear, más y más fuerte.

Lamer coño es una de mis cosas preferidas en la vida. No existe nada parecido a oír a una mujer gemir de placer mientras se aferra a tu cabeza. A veces creo que feliz moriría de asfixia entre la piernas de una hembra que lo merezca. Esa podría haber sido la ocación.

Deje su clítoris cuando ella, en medio de su placer, soltó los labios de su conchita. Lamí con gusto sus labios y los masajeé con mi lengua. Ella suspiro del gusto.

-¿Te gusta putita?-

-Siii. Por favor no pares.-

-¿Quién es el único que te lame así?-

-Tu.-

Hundí mi lengua dentro de su conchita. Buscando su sabor lo más profundo posible. Su néctar agridulce savia a ambrosia; y su gemido de placer me dejo la verga aun más dura. Ella aferro con sus manos mi cabeza, buscando que mi lengua la penetrara lo más posible, perdiendo sus dedos entre mi pelo. Con ambos pulgares abrí los pequeños pliegues que cubren su clítoris, dejando su pequeña perla expuesta y sensible, para cuando mi lengua abandonara el interior de su mojadísimo y apretado coño. Saque mi lengua de su gruta y la subí hasta su joya expuesta, rozando todo lo que pude en el camino. Justo antes de llegar a su clítoris levante mi lengua. Apenas roce su palpitante órgano, creado solo para el placer. Ella se estremeció a pesar del pequeño roce.

La mire desde ahí. Desde en medio de sus hermosas piernas. Con mi lengua sintiendo el calor de su clítoris, mas sin tocarlo. Y me sonreí del gusto.

-¿Quien es el mejor?-

-Tu. Pero no pares.- Me respondió con sus manos aun en mi cabeza, conciente de lo que le pasaría a continuación.

-Tócate las tetas para mí, putita.- Le ordene. Y ella obedeció. Sus suaves manos dejaron mi pelo y subieron por sus caderas a sus pechos de diosa pagana; rozo sus pezones con sus índices y medianos, para luego pellizcarlos un poco. En el momento preciso en el que yo volvía a rozar su hinchado y mojado clítoris, solo con la punta de mi lengua.

Ella suspiraba y comenzaba a jadear. Apretó sus hermosos pechos y levanto la pelvis en un movimiento reflejo. Estiro su espalda y la curvo en un arco. Era el comienzo de su acabar. Seguí dándole pequeños roces de legua a su clítoris; cortos, rápidos, ligeros. Ella ya jadeaba con fuerza.

-Siiiii… Así. Siga amo, siga.- Sus manos seguían masajeando sus hermosas tetas. Ella seguía jadeando; y yo deje de solo rozar su perla, para darle lengua con todo. – MMMmmmmMMmm.- Fue su respuesta.

-Vente para mi putita. Vente para tu dueño.- Como deseaba que se viniera en mi boca. Me calentaba en extremo el beberme, entre lamidas y lamidas la humedad que vertía, en mi lengua y en mi cara, su conchita. Solté sus labios y me dedique a lamerla con fuerza, apretando su clítoris contra su pelvis en una lamida; y luego en otra y en otra. Ella continuaba gimiendo. Metí entonces mi dedo índice y mediano de la mano derecha en su conchita. Sus gemidos crecieron en intensidad y soltó sus pechos para tomar mi cabeza, para apretar aun más su clítoris contra mi lengua. Eso le dejo las tetas libres, para estirar mi mano izquierda y jugar con ellas, masajearlas y apretarlas mientras se venia en mi boca.

Jugué de nuevo con su punto G. Algo limitado por la posición, pero lo suficiente para provocarle que definitivamente se corriera. Sus gemidos mutaron en gritos y sus manos entre mi pelo comenzaron a tratar de asfixiarme en su coño. Sus gemidos se volvían más roncos, hasta que comenzó a gritar de placer; desesperándose, convulsionándose, curvando su espalda. Empujando mi cabeza hacia atrás en lugar de apretarla contra ella. Yo saque mis dedos de su interior y me aferre a sus piernas, rehusando el ser retirado de ese sabor, rehusando el dejar de provocarle placer. Con mi lengua exhausta me rehusé a dejar de escucharla gritar. Deje su clítoris y hundí mi lengua en su húmeda y agridulce conchita; como mi estocada final. Mi último recurso para escuchar sus últimos gritos. No pude ver nada, solo la sentí temblar de placer y escuche sus gritos. Fue el paraíso.

Allí mojada y cansada, abierta de piernas y vendada. Con su micro falda arrugada en su cintura; permitiéndome ver sus alas tatuadas en cada una de sus caderas. Jadeante y aun tiritando. Con su sudor cubriendo su suave y deliciosa piel. Me relamí del gusto de verla así y de pensar en todo lo que le haría.

La deje descansar un arto mientras volvía a acomodar mi mandíbula, y volvía a sentir mi dormida lengua. Luego le ordene.

-Ponte en cuatro putita. Como la perra que eres.- Ella, algo recuperada, se incorporo y se dio vuelta en la escalera; parando su hermosa y firme cola en el aire. Curvando su espalda en la perfecta imagen de una perra hambrienta por placer.

-¿Así le gusta a mi amo?- Fue su descarada respuesta. Sonriendo con sus rodillas separadas y su culito meneándose, ligeramente, en el aire.

-¿Paso tanto tiempo que ya no te acuerdas?- Le respondí.

Me cerque a ella tome su culito con mis dos manos. Dios ese culo es delicioso, suave, firme, de tamaño perfecto y armónico. Con el exquisito aroma de su piel, untado y ungido en el licor de su conchita. Con mi pulgar derecho acaricie la entrada de su culito, mojado por el caudal de su entrepierna; lubricado, tentador, listo. Recorrí con mi pulgar desde la entrada de su culito hasta su conchita. Apreté su culo con la mano izquierda y le di una nalgada. Su culo sonó hermoso; y ella suspiro del gusto, y lo meneo un poco más.

-¿Mi amo lo echo de menos?- Pregunto en un tono burlón y erotico, que el valió otra nalgada. Fuerte como a ella le gustan y como a mi me gusta darlas.

Me arrodille tras de ella y le mordí su exquisito culo. Abrí sus nalgas sin delicadeza y hundí mi lengua en su conchita. Ella comenzó a suspirar de inmediato.

-Parece que mi amo si echaba de menos a su putita.- La nalgueé de nuevo.

-¿Y quien es mi putita?- Despegue mis labios de su conchita solo para preguntarle eso y luego volví a mi faena.

-Yo.-

-¿Tu que?- E intensifique mi lamida en su coño, y comencé a acariciarle la entrada del culito con mi dedo pulgar.

-Soy tu putita.- Dijo en susurros de placer.

-¿Solo mi putita?- La interrogue mientras le daba otra nalgada. Justo antes de comenzar a lamerle la entrada de esa cola magnifica. Ella empezó a jadear y a quejarse. Mi lengua dilataba más y más su abertura; hasta que la punta de mi lengua cupo. Le hice sentir que mi lengua ya le cabía en el culito. Ella lo empino aun más, lo que ayudo a que mi lengua entrara con algo más de facilidad. Le estaba dilatando y relajando la cola con mi lengua; la sola idea me encantaba. Y ella no daba señales de molestia. Le hundí toda mi lengua en su cola y comencé a masajear su clítoris.

Estaba lista. Me incorpore y coloque detrás de ella, rozándole su abertura dilatada con mi verga.

-¿Solo mi putita?- Volví a preguntar. Ella solo se dejo rozar y levanto la cola.

-No… No solo tu putita…- Y mientras decía esto movió su hermoso culito, de manera que mi verga resbalo, de su mojada y dilatada entrada, y cayo justo entre los labios de su gloriosa conchita. Con total maestría se clavo mi verga, antes de que yo pudiera decir o hacer algo. -Aahhhhh.- Gimió de gusto, y puede que de alegría; cuando se incrusto mi verga hasta la mitad. Sus labios abiertos y su conchita mojada solo pudieron lubricar y darle la bienvenida a la mitad de mi duro pene. Meneo su cola, con felina gracia, mientras seguía jadeando de gusto. De a poco iba clavándosela más y más, retirando su cola hacia delante, para luego echarla hacía atrás; mientras su conchita se iba acostumbrando a mi tamaño. Yo decidí ayudarla.

La tome para por sus aladas y anchas caderas, de hembra salvaje; y le pregunte de nuevo. -¿No solo mi putita?- Retire mi verga de su suave interior, y sin espera alguna, le clave de un solo golpe de cadera toda mi dura verga.

-¡Ohhhhhh!- Gimió ella en placer, dolor y sorpresa. Me quede ahí, quieto; con la cabeza de mi duro pene rozándole el cuello del útero, mis manos apretando sus caderas. Disfrutando de la visión de su culito parado, surcado solo por el portaligas negro, y su entrada mojada. Disfrutando de la sensación de su conchita mojándose a tope conmigo adentro. Mojándose a tope solo para mí. Pese a que estaba quieto ella no paro de jadear.

Sin sacar mi verga un centímetro, le di un golpe de caderas y la penetre aun más profundo. Ella volvió a gemir y yo suspire del gusto. Entonces ella respondió.

-Tu putita… Tu perra… Tu esclava… Lo que mi amo quiera.- Y comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás. Cogiéndose sola; jadeando comenzando a gemir.

Le di una nalgada con mi mano derecha. Seguí su ritmo y la cogí en la escalera; en cuatro, como a una perra. Sus quejidos aumentaban y yo le seguía clavando la verga, sin fuerza ni suavidad. El olor de su conchita mojada subía hasta mi nariz, mientras tenia la vista de mi verga entrando en su apretada, depilada, suave y mojada conchita. El placer de sus labios contra mi verga, de su estreches contra mi tronco, su útero golpeándome el glande en cada embestida, y la suavidad de su piel en mis manos. Esa mujer me tenía en el cielo.

Lleve mis manos de sus caderas a sus pechos, de diosa pagana. Los acaricie y apreté, mientras ella se pegaba a mi cuerpo. Vendada y caliente seguía moviéndose, meneando su culito precioso; dibujando en el aire un pequeño símbolo del infinito. Se levanto con mis manos en sus tetas, se pego a mi cuerpo y con su mano izquierda se sujeto de mi cabeza; dejando nuestros rostros uno al lado del otro, escuchando ambos los gemidos del otro. Mientras su mano derecha se posaba en mis manos, sobre sus pechos; asegurándose de que no los soltara y los apretara como a ambos nos gusta. Mordí su cuello con fuerza y disfrute sus tetas en mis manos. Entonces murmuro en mi oído -Así. Cógeme así… No pares.-

-¿Por qué pararía? Si a tu dueño le encanta cogerte como la perra que eres.- Eso pareció calentarla de sobremanera; pues sola se inclino hacia delante y empino su hermoso culo lo más que pudo, para facilitarme la tarea de penetrarla. Cambie mis manos a sus caderas, de nuevo, e imprimí algo más de fuerza. -¿Te gusta así perra?-

-Siii… Me encanta cuando mi amo me toma por las caderas.-

-¿Te toma por las caderas, y que más perra?-

-Y me coge así.-

-¿Así como?- Ella estaba ocupada gimiendo para responder. Sus gemidos ya eran más fuertes y más graves. Debí preguntar de nuevo -¿Así como? ¿Cómo te coge tu amo?- E imprimí mas fuerza en mis embestidas. Mi verga, grande y dura, salía casi por completo de su conchita, para luego internarse en lo más profundo su coño mojado y apretado.

-¡Ooohhhhh…!- Fue su respuesta original; pero entre gemidos agrego. –Como… La perra que soy...-

-¿Te gusta como te coge tu dueño, perra?-

-Siiii… Me encanta.-

-Demuéstramelo perra. Ten un orgasmo para tu amo… Grita para mí.- Mi voz se había hecho más ronca producto de mi placer y del concentrarme en mi respiración. Me sentía dueño del mundo cogiéndome con fuerza a semejante hembra, a semejante diosa puta. El placer que me producía la fricción y roce lubricado, comenzaba a apoderarse de mí; comenzaban a hacerme desear mi orgasmo. Pero no era el momento, no aun.

Sin pensarlo le di una fuerte nalgada con mi mano derecha, y volví a sujetarla por las caderas. Ella empezó a gritar, inmersa en sus primeros orgasmos. Esa fue mi señal para cogerla aun más fuerte y aun más rápido; a todo lo que dieran mis músculos y mis pulmones. Sus gritos siguieron. Y yo seguí. Llego a quedarse quieta, incapaz de moverse por si sola; solo recibiendo mis embestidas. Hasta que sus gritos disminuyeron y enmudeció.

Me detuve. Manteniendo mi verga dentro de ella. Aun respiraba, aunque con mucha dificultad y muy rápido. Le di una última nalgada y salí de su conchita para dejarla acomodarse mejor, descansar un poco y reponerse. Aun no llegábamos a mi pieza. Y yo aun no me había venido. Oficialmente esto aun no comenzaba.

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