martes, 17 de febrero de 2009

CAPITULO 2º

VISITA Y REENCUENTRO




Mi mano izquierda estaba empapada de sus jugos. Su exquisito aroma me llamaba, así que no puede aguantar las ganas de meter mis dedos en mi boca, y saborearla. A la vez que ella respiraba con dificultad y sonreía de gusto, yo limpie todos mis dedos del lubricante de nuestro deseo.

Estaba sentada en la escalera. Con sus tacones altos, sus ligas y portaligas negros; y su falda de platos tapándome, apenas, la visión de su conchita mojada. Sus hermosas tetas se mecían al ritmo de su respiración; sus pezones estaban aun duros y rojos, producto de mis pellizcos. Sus piernas y la parte de sus ligas que cubrían el interior de sus muslos, estaban empapados de su deliciosa humedad. Estaba sudada, sucia entre las piernas y vendada. Y yo no podía estar un instante más sin hundir mi lengua en su humedad.

Ella no quería más guerra. Pero en sus labios se dibujaba una sonrisa de gusto; no solo por su orgasmo, sino porque estaba escuchando como me lamía sus jugos de la mano. Ella sola, sin poder hablar aun, abrió un poco más las piernas cuando yo me acerque. Su cansancio le impidió abrirlas por completo, de par en par, como a mi me gusta. Pero separo sus rodillas con una sonrisa y con su mano izquierda se levanto la micro falda; regalándome la hermosa vista de su mojada, suave y depilada conchita. Echo la cabeza hacia atrás y la apoyo en un escalón. Entregada a lo que sabia su dueño quería.

Me acerque y le separe aun mas las piernas; disfrutando del olor de su conchita roja por la fricción y por el placer. Con la misma mano con la que había hecho estremecerse de placer, toque con ternura sus labios suaves y su clítoris hinchado. Ella dio un pequeño y gentil suspiro de gusto. Le acaricie el clítoris y sus labios para calentarla de nuevo; pero más que nada fue para mojar mis dedos de nuevo. Ella se relajo y se volvió a calentar de inmediato.

-¿Te gusta putita?- Le pregunte.

-Ahhhhja.- Fue su respuesta. Con su respiración nuevamente convirtiéndose en jadeos y suspiros.

Pero mi objetivo era otro.

Deje de tocarla y lleve mis dedos húmedos a su boca. Más no toque sus labios en un principio. Sino que deje mis dedos por sobre su nariz, para que sintiera su exquisito aroma. Después de todo ella sabia lo que tenía que hacer, y le encantaba hacerlo. Abrió su boca, y de la separación de sus labios de ensueño saco su lengua, y comenzó a saborearse en mi mano. Metí dos de mis dedos en su boca y ella los chupo, con profundo deseo, como si se tratara de una pequeña verga. Gimió de gusto y de calentura, de saber que esos dedos venían de su estrecha y húmeda vagina. Tomo mi mano con sus manos y me limpio con su lengua y labios.

Yo ya me había arrodillado delante de ella para cuando le quite mi mano de su celestial boca. Abrí aun más sus piernas y comencé a limpiarle el interior de sus suaves muslos, con mi lengua. Ella suspiro al sentir mi lengua rozar el interior de sus muslos, perfectamente depilados. Yo me devoraba toda esa humedad antes de que se secara, en una competencia contra el aire. Comenzando desde el fin de la liga, en dirección hacia la gloria que me exhibía. Las cosquillas que le provocaba hicieron que riera un poco; demostrando que estaba viva y que aun podía llevarme el ritmo. Levante la mirada al escuchar su pequeña risa, dejando de lamer su firme muslo izquierdo, solo un instante; la vi parar de reír y morderse el labio inferior. Imagine su mirada de lascivia bajo la bufanda que le tapaba los ojos, y la mordí en el mismo muslo que estaba lamiendo. Sin rudeza, sin gentileza; solo para que recordara que no había venido a reírse. Ella evoco un gemido y levanto la cabeza del escalón; creo que miro por debajo de la bufanda, pero nunca estaré seguro.

-Tócate para mí.- Le ordene en voz baja, y seguí lamiendo sus muslo, el derecho ahora; avanzando cada vez mas cerca de su coño mojado y abierto por y para el placer.

Ella, sin levantar la cabeza del escalón llevo su mano derecha a su entrepierna. Preferí no verla tocarse aun, y me concentre en limpiarla bien de tan exquisitas manchas; pero la escuche suspirar más fuerte y cambiar de ritmo su respiración. Supe lo que hacía sin mirarla; lo había hecho para mí muchas veces. Estaba rozando su clítoris en círculos, solo como comienzo; quizás solo para mí. Yo me concentre en terminar de lamer hasta la última gota que encontré; y cuando llegue a sus ingles mordí la derecha, y succione con fuerza, sin soltar. Mi deseo de dejarle una marca era enorme. Que supiera que eso no había sido un sueño, que supiera su verdadero dueño que había vuelto solo por placer.

Ella gimió de gusto. Y al darse cuenta de que le dejaría un moretón trato de resistirse.

-No. Sin marcas.- Exclamo en una mezcla de gemido, reto y suplica; que me dejaron aun más caliente. Si es que eso era posible. Pero bajo ningún término, me hizo soltar mis fauces de su suave piel, buscando marcar hasta su músculo.

-Noooooo.- Siguió gimiendo. Yo la solté de golpe y la mire. Se había quitado la bufanda que le vendaba los ojos y tenia cara de molesta. Obviamente había adivinado mis intenciones. -Sin marcas.- Me repitió.

-¿Quién es tu dueño?- La rete.

-Tu.-

-¿Y vas a hacer y te dejaras hacer todo lo que tu dueño quiera, pero esperas que no te deje marcas?-

Fue entonces que su mirada cambio. Del enojo volvió la lujuria, acompañada con algo de miedo. Comprendió entonces que yo la marcaría como mía, de alguna de las muchas formas que habíamos inventado para eso. Quizás de todas las formas.

- Pero....-

-Tócate putita.- Fue mi orden para silenciarla. Ella no cambio su mirada, que no pude distinguir si era preocupación, enojo o algo más. Pero su mano izquierda empezó a rozar su clítoris.

-¿Creíste que venir a jugar conmigo no tendría consecuencias?- Dije con mi mejor sonrisa sádica. Al pasar de, entre sus piernas a recoger la bufanda que había quedado más arriba en la escalera. Al hacer eso mi verga quedo muy cerca de su boca. -Abre la boca putita.- Ella obedeció y yo me saque la polera. Apoye mis rodillas a los costados de su cintura y mi brazo derecho, el más fuerte, en un escalón sobre su cabeza; junto a la bufanda. En esa posición aproveche su celestial boquita abierta para meter mi verga; y comenzar a cogerle la boca.

Ella comenzó a suspirar del gusto, de tener mi gran verga en la boca, y estarse masturbando para mí. Su carita de calentura era angelical y estaba haciendo que me derritiera. Tomo mi verga con la mano derecha, dejando la izquierda para su coño; y comenzó a masturbarme mientras me succionaba el glande. Yo me limitaba a mover mi cadera en embestidas suaves, lentas y cortas; asegurándome de no atragantarla con mi verga; que se veía enorme entre sus hermosos labios.

-Ohhh. Que rico putita.-

Su deliciosa lengua me estaba dando un intenso placer, mientras su mano apretaba mi verga con la presión precisa; recorriendo todo el largo de mi tronco que quedaba fuera de su boca de ángel. Sus suspiros de gusto y placer acompañaban el chapoteo de sus dedos en sus coño; yo sumaba a ellos mis suspiros y mis jadeos de placer. Al no tener la venda puesta podía ver sus ojos cerrados y su carita de gusto y placer a la perfección; y su hermoso rostro de inocencia pervertida me llenaba de placer. Era una amante de la verga cuando la conocí, pero yo la transforme en la puta maestra que es; y eso me encanta.

-Te encanta chuparle la verga a tu amo ¿Cierto putita?- Le pregunte mientras levantaba mis caderas, para sacar mi verga de su boca y dejarla responder. Ella no respondió. Levanto su cabeza del escalón persiguiendo mi verga con sus labios; por lo que tuve levantar aun más la cadera, y volver a preguntar.

-¿Te encanta cierto?-

-Siii.- Respondió, y jalo mi verga con su mano para volver introducirla en el huracán de placer que era su boca.

-Lame mis testículos putita.- Le ordene y ella obedeció; mas no antes de levantar su cabeza y meterse lo que más pudo de mi verga en la boca. Yo gemí de placer y ella suspiro de gusto.

-¿Te gusta tu mano en tu coño? ¿Te gusta masturbarte para mi?- Ambos nos calentábamos más con cada pregunta, con cada respuesta; con cada intercambio de palabras. A ella le calentaba y encantaba que la hiciera hablar; me había confesado muchas veces lo puta que la hacia sentirse. Dejar de lamerme para responder era más fácil que sacar la mitad de mi grueso pene de su boca.

-Si. Me gusta mucho.- Respondió sin dejar de masturbarnos a ambos.

-¿Cómo esta tu conchita?-

-Mojada… Rica… Caliente…- Dijo entre jadeos, aun con su mano en mi tronco.

-Dame a probar.- Le ordene en un susurro. Ella dejo de hacer sonar su mano contra la humedad de su conchita y la llevo a mi boca. Al tiempo que volvía a meter mi verga en su boquita, metió sus dedos en mi boca. Yo saboree sus jugos con embelezo, chupe todo su néctar tibio y agridulce; saboreando hasta la última gota. Con un débil gemido de gusto y de placer, al sentir el sabor en mi boca y el placer de su boca; que buscaba más y más centímetros de verga que succionar.

Pero el sabor en sus dedos se acabo al poco rato. Y solté sus dedos de entre mis labios.

-Dame más.- Le ordene, mientras el gemido de placer que se me escapaba me hacia subir el volumen de mi orden. Ella llevo sus dedos a sus apretado coñito y después de unos instantes los devolvió a mi boca.

Cuando el sabor de su ambrosia se termino volvía a ordenarle. -Más.- Ella se llevo la mano, mojada con mi saliva, a su hermoso pezón izquierdo, y se lo humedeció y lo pellizco un poquito. Luego siguió el camino hasta su conchita, recorriendo toda su piel, solo para mi gusto.

Su mano volvió a mi boca. Y el placer de la suya sobre mi verga comenzaba a arrancarme roncos gemidos, acercándome a mi primer orgasmo. Mordí un poco la yema de sus dedos, cuando al soltarlos por terminarse su sabor, el placer de su mamada invadió hasta los confines de mí ser. Solté sus dedos y ella bajo un poco el nivel de la succión por un instante, y los devolvió a su conchita. Entonces volvió a chupar como lo estaba haciendo y el placer volvió. Ella se masturbaba, no para que saboreara su calentura desde sus dedos, sino solo para darse placer; caliente por lo que me estaba provocando. Yo apoye ambos antebrazos en el mismo escalón, preparándome para lo que venia. Comencé a mover mis caderas a cogerme su boquita de ángel, al tiempo ella soltaba el tronco de mi verga y se sujetaba de mis caderas para darme placer solo con su boca.

-Ohhh si putita… Chúpamela así… Que ricoooooo…- Le dije. Consiente de que quería darme un orgasmo, y seguro de que mi entrenamiento tantrico me haría capaz, más que soportarlo, de disfrutarlo sin eyacular. No en su boca al menos.

El placer se hacia más y más grande. Su boca me tenía en el límite, ella lo sabía y lo disfrutaba. Mis gemidos crecían y tuve que detener mis caderas para no atragantarla; pues ya no controlaba mi cuerpo. Ella continuo levantando y bajando su cabeza, sujeta de mis caderas; habiendo olvidado su placer y cambiándolo por el mío. Haciendo subir y bajar sus labios, por la extensión de toda la verga que le cabía en la boca; que era bastante. Me llevo al límite, y mis gemidos se transformaron en un gruñido intenso. Aun con mis ojos cerrados, podía ver el placer que atacaba mi cerebro, como pequeños destellos de luces detrás de mis ojos. Me levante en un gruñido de placer, cuando ella sobrepaso mi límite; deje mis manos en el escalón donde antes estaban mis antebrazos, estire y arquee mi columna, y penetre más su boca.

-¡No pares! ¡No pares!... Ohhhh… ¡ARRHHHGGGGGRRRRRRRR!- Fue la explosión final de mi orgasmo seco.

Pero ella no se detuvo. Sádica, y perversa. Transformando mí placer en tortura. Como de costumbre tuve que quitarle la verga de la boca. Al hacerlo me desplome junto ella; quien me hizo un lugar en al escalera. Ahora el traspirado por completo era yo.

No hay comentarios: