lunes, 23 de febrero de 2009

CAPITULO 3º

Visita y Reencuentro




Ella se incorporo y me quito las botas y pantalones; dejándome completamente desnudo, con mi verga bajando después del intenso placer. Ella de pie, dejo mis pantalones a un lado y se dispuso a quitarse su micro falda.

-No.- Le ordene, en un monosílabo interrumpido por mi fuerte respiración. La muy putita me miro con su sonrisa cachonda y se acerco a mí

-¿Quiere que me la deje puesta?- Me pregunto arrodillándose a los pies de la escalera.

Moví la cabeza en afirmación; incapaz, de momento, de decir algo más.

-¿Mi dueño se quiere coger a su putita, con la faldita puesta?- Sonrió aun más, con sus labios separados mostrando su perfecta dentadura. Y ahí arrodillada puso su mano izquierda en el pasamanos de la escalera y con la otra comenzó a tocar su coñito depilado para mí. Yo volví a calentarme de inmediato; y mi verga que se desinflaba, se puso dura de nuevo con el solo espectáculo.

Se masturbo unos instantes con su rostro cerca de mí, mostrándome con descaro el placer que se provocaba. Sus ojos se entre cerraron, y sus labios se entre abrieron. Separo algo más sus piernas, allí arrodillada. Su boca se abrió apenas y comenzó a suspirar de placer. Quito su mano del pasamanos y la puso en mi nueva erección; aun arrodillada pero con su cabeza en alto, casi a la altura de mis ojos. Comenzó a jadear; y pude notar como movía su mano de forma distinta. Ya no tenía sus dedos a fuera, y su humedad se escuchaba. Cerró los ojos por completo y soltó un leve gemido, justo antes de sacar su mano derecha de su exquisito coño.

Llevo su mojada mano derecha, empapada de su líquido caliente, a mi verga; y lo unto por toda mi erección, su exquisito aroma se coló en mi nariz. Cuando vio que no era suficiente llevo su mano de nuevo a su coño y volvió a mojarse los dedos. Yo tenía mi cerebro a punto de reventar por lo caliente que me estaba poniendo, imaginándome ya lo que haría a continuación. Llevo su mano, recién empapada del néctar de su coño, de nuevo a mi verga y termino de untarla, ensuciarla, bendecirla. Entonces y mirándome a los ojos, sin quitar su mirada de ellos, se devoro mi verga y comenzó a saborear su sabor sobre ella. Cerró los ojos y la chupo, succiono y disfruto en su boca.

-Ohhh… Perra.- Fue mi elogio. Soltado en un suspiro de placer.

Ella dejo de chupar para lamer el resto de mi verga. Toda la parte de mi pene que no le cabía en al boca.
-¿Mi amo me va a dar toda su leche?- Pregunto en un derroche de perversión y pecado. Mirándome directamente a los ojos, dejando mi verga pegada a sus labios, esperando mi respuesta.

-Si. En todos tus agujeros putita. ¿Te la quieres tragar?-

-SI.- Respondió ella, y acaricio la parte de debajo de mi glande con su suave lengua.

-Y yo quiero hacer que te la tragues toda putita. Pero ahora no.- Le dije tomándola por el pelo y separándola de mi verga. Ella no opuso mucha resistencia; conciente de que siempre podría salirme con la mía, con solo preguntarle quien era su dueño. La obligue a arrodillarse derecha y me levante.

Me incorpore y, sin soltarla del pelo, me acerque a su lindo rostro. Tan cerca como para que ella pensara que iba a besarla. Entonces la gire por el pelo y susurre una pregunta en su oído.

-¿Te gusta tu sabor en mi verga putita?-

-Si.-

-Pues a mi también me encanta tu sabor de diosa puta. Y estaba apunto de probarlo de tu coño cuando me interrumpiste.- De su pelo la lleve a la escalera, a que ocupara el mismo escalón en el que estaba antes. Pero la mantuve erguida, sin dejar que se acostara. Me incline a recoger la bufanda; ella aprovecho para acariciar mis testículos con una mano y llevarse mi verga a la boca con la otra.

-Ohhh… Puta.- La elogie con una sonrisa. Y mientras me daba placer con sus calientes labios y mojada lengua, la volví a vendar.

-Basta perra. Recuéstate y ábrele las piernas a tu amo como la puta que eres.- Me dio una ultima y fuerte succionada, y luego un beso en el glande. Apoyo sus codos en los escalones y luego se recostó; dejando la cabeza hacía atrás apoyada en un escalón, justo como lo había hecho antes. Con la salvedad de que esta vez, abrió la piernas tanto como se lo permitió el ancho de la escalera; se levanto la micro falda de tablas, y con sus suaves manos separo sus labios vaginales, abriendo sus coño como una flor para mi.

-¿Así le gusta, mi amo?-

Yo casi no podía creerlo. Estaba más puta que nunca. O su actual dueño le había enseñado nuevos trucos, o no la cogía como a ella le gustaba; y tenia deseos de sentirse bien puta desde hacía rato. Como fuera, su mojado y depilado coño estaba esperando a mi lengua, y yo con suerte aguantaba mis deseos de lamerla toda.

Me abalance sobre su depilada conchita y apreté fuerte mi lengua contra su clítoris. Ella dio un gemido sin soltar sus labios, dejando su coño bien abierto para mí. Su conchita me supo, como siempre, a gloria. Una gloria agridulce, jugosa y tierna. Apreté su clítoris con mis labios y luego baje mi lengua hasta la entrada de su culito; desde allí recorrí con un poco más de delicadeza, solo un poco, el camino hasta su monte de Venus. Volví a bajar hasta la entrada de su cola y repetí el proceso llegando solo hasta su clítoris; en el cual me detuve unos instantes, para hacerla sentir la vibración de mi lengua. Luego volví a bajar, esta vez me detuve para hacer vibrar mi lengua en la entrada de su culito. Ella suspiraba fuerte, aun sin soltar sus labios; su respiración se hacia más profunda. Decidí entonces darle una ultima pasada a toda esa suavidad depilada y mojada, y dedicarme, por un rato, de lleno a su clítoris. Ella comenzó a jadear, más y más fuerte.

Lamer coño es una de mis cosas preferidas en la vida. No existe nada parecido a oír a una mujer gemir de placer mientras se aferra a tu cabeza. A veces creo que feliz moriría de asfixia entre la piernas de una hembra que lo merezca. Esa podría haber sido la ocación.

Deje su clítoris cuando ella, en medio de su placer, soltó los labios de su conchita. Lamí con gusto sus labios y los masajeé con mi lengua. Ella suspiro del gusto.

-¿Te gusta putita?-

-Siii. Por favor no pares.-

-¿Quién es el único que te lame así?-

-Tu.-

Hundí mi lengua dentro de su conchita. Buscando su sabor lo más profundo posible. Su néctar agridulce savia a ambrosia; y su gemido de placer me dejo la verga aun más dura. Ella aferro con sus manos mi cabeza, buscando que mi lengua la penetrara lo más posible, perdiendo sus dedos entre mi pelo. Con ambos pulgares abrí los pequeños pliegues que cubren su clítoris, dejando su pequeña perla expuesta y sensible, para cuando mi lengua abandonara el interior de su mojadísimo y apretado coño. Saque mi lengua de su gruta y la subí hasta su joya expuesta, rozando todo lo que pude en el camino. Justo antes de llegar a su clítoris levante mi lengua. Apenas roce su palpitante órgano, creado solo para el placer. Ella se estremeció a pesar del pequeño roce.

La mire desde ahí. Desde en medio de sus hermosas piernas. Con mi lengua sintiendo el calor de su clítoris, mas sin tocarlo. Y me sonreí del gusto.

-¿Quien es el mejor?-

-Tu. Pero no pares.- Me respondió con sus manos aun en mi cabeza, conciente de lo que le pasaría a continuación.

-Tócate las tetas para mí, putita.- Le ordene. Y ella obedeció. Sus suaves manos dejaron mi pelo y subieron por sus caderas a sus pechos de diosa pagana; rozo sus pezones con sus índices y medianos, para luego pellizcarlos un poco. En el momento preciso en el que yo volvía a rozar su hinchado y mojado clítoris, solo con la punta de mi lengua.

Ella suspiraba y comenzaba a jadear. Apretó sus hermosos pechos y levanto la pelvis en un movimiento reflejo. Estiro su espalda y la curvo en un arco. Era el comienzo de su acabar. Seguí dándole pequeños roces de legua a su clítoris; cortos, rápidos, ligeros. Ella ya jadeaba con fuerza.

-Siiiii… Así. Siga amo, siga.- Sus manos seguían masajeando sus hermosas tetas. Ella seguía jadeando; y yo deje de solo rozar su perla, para darle lengua con todo. – MMMmmmmMMmm.- Fue su respuesta.

-Vente para mi putita. Vente para tu dueño.- Como deseaba que se viniera en mi boca. Me calentaba en extremo el beberme, entre lamidas y lamidas la humedad que vertía, en mi lengua y en mi cara, su conchita. Solté sus labios y me dedique a lamerla con fuerza, apretando su clítoris contra su pelvis en una lamida; y luego en otra y en otra. Ella continuaba gimiendo. Metí entonces mi dedo índice y mediano de la mano derecha en su conchita. Sus gemidos crecieron en intensidad y soltó sus pechos para tomar mi cabeza, para apretar aun más su clítoris contra mi lengua. Eso le dejo las tetas libres, para estirar mi mano izquierda y jugar con ellas, masajearlas y apretarlas mientras se venia en mi boca.

Jugué de nuevo con su punto G. Algo limitado por la posición, pero lo suficiente para provocarle que definitivamente se corriera. Sus gemidos mutaron en gritos y sus manos entre mi pelo comenzaron a tratar de asfixiarme en su coño. Sus gemidos se volvían más roncos, hasta que comenzó a gritar de placer; desesperándose, convulsionándose, curvando su espalda. Empujando mi cabeza hacia atrás en lugar de apretarla contra ella. Yo saque mis dedos de su interior y me aferre a sus piernas, rehusando el ser retirado de ese sabor, rehusando el dejar de provocarle placer. Con mi lengua exhausta me rehusé a dejar de escucharla gritar. Deje su clítoris y hundí mi lengua en su húmeda y agridulce conchita; como mi estocada final. Mi último recurso para escuchar sus últimos gritos. No pude ver nada, solo la sentí temblar de placer y escuche sus gritos. Fue el paraíso.

Allí mojada y cansada, abierta de piernas y vendada. Con su micro falda arrugada en su cintura; permitiéndome ver sus alas tatuadas en cada una de sus caderas. Jadeante y aun tiritando. Con su sudor cubriendo su suave y deliciosa piel. Me relamí del gusto de verla así y de pensar en todo lo que le haría.

La deje descansar un arto mientras volvía a acomodar mi mandíbula, y volvía a sentir mi dormida lengua. Luego le ordene.

-Ponte en cuatro putita. Como la perra que eres.- Ella, algo recuperada, se incorporo y se dio vuelta en la escalera; parando su hermosa y firme cola en el aire. Curvando su espalda en la perfecta imagen de una perra hambrienta por placer.

-¿Así le gusta a mi amo?- Fue su descarada respuesta. Sonriendo con sus rodillas separadas y su culito meneándose, ligeramente, en el aire.

-¿Paso tanto tiempo que ya no te acuerdas?- Le respondí.

Me cerque a ella tome su culito con mis dos manos. Dios ese culo es delicioso, suave, firme, de tamaño perfecto y armónico. Con el exquisito aroma de su piel, untado y ungido en el licor de su conchita. Con mi pulgar derecho acaricie la entrada de su culito, mojado por el caudal de su entrepierna; lubricado, tentador, listo. Recorrí con mi pulgar desde la entrada de su culito hasta su conchita. Apreté su culo con la mano izquierda y le di una nalgada. Su culo sonó hermoso; y ella suspiro del gusto, y lo meneo un poco más.

-¿Mi amo lo echo de menos?- Pregunto en un tono burlón y erotico, que el valió otra nalgada. Fuerte como a ella le gustan y como a mi me gusta darlas.

Me arrodille tras de ella y le mordí su exquisito culo. Abrí sus nalgas sin delicadeza y hundí mi lengua en su conchita. Ella comenzó a suspirar de inmediato.

-Parece que mi amo si echaba de menos a su putita.- La nalgueé de nuevo.

-¿Y quien es mi putita?- Despegue mis labios de su conchita solo para preguntarle eso y luego volví a mi faena.

-Yo.-

-¿Tu que?- E intensifique mi lamida en su coño, y comencé a acariciarle la entrada del culito con mi dedo pulgar.

-Soy tu putita.- Dijo en susurros de placer.

-¿Solo mi putita?- La interrogue mientras le daba otra nalgada. Justo antes de comenzar a lamerle la entrada de esa cola magnifica. Ella empezó a jadear y a quejarse. Mi lengua dilataba más y más su abertura; hasta que la punta de mi lengua cupo. Le hice sentir que mi lengua ya le cabía en el culito. Ella lo empino aun más, lo que ayudo a que mi lengua entrara con algo más de facilidad. Le estaba dilatando y relajando la cola con mi lengua; la sola idea me encantaba. Y ella no daba señales de molestia. Le hundí toda mi lengua en su cola y comencé a masajear su clítoris.

Estaba lista. Me incorpore y coloque detrás de ella, rozándole su abertura dilatada con mi verga.

-¿Solo mi putita?- Volví a preguntar. Ella solo se dejo rozar y levanto la cola.

-No… No solo tu putita…- Y mientras decía esto movió su hermoso culito, de manera que mi verga resbalo, de su mojada y dilatada entrada, y cayo justo entre los labios de su gloriosa conchita. Con total maestría se clavo mi verga, antes de que yo pudiera decir o hacer algo. -Aahhhhh.- Gimió de gusto, y puede que de alegría; cuando se incrusto mi verga hasta la mitad. Sus labios abiertos y su conchita mojada solo pudieron lubricar y darle la bienvenida a la mitad de mi duro pene. Meneo su cola, con felina gracia, mientras seguía jadeando de gusto. De a poco iba clavándosela más y más, retirando su cola hacia delante, para luego echarla hacía atrás; mientras su conchita se iba acostumbrando a mi tamaño. Yo decidí ayudarla.

La tome para por sus aladas y anchas caderas, de hembra salvaje; y le pregunte de nuevo. -¿No solo mi putita?- Retire mi verga de su suave interior, y sin espera alguna, le clave de un solo golpe de cadera toda mi dura verga.

-¡Ohhhhhh!- Gimió ella en placer, dolor y sorpresa. Me quede ahí, quieto; con la cabeza de mi duro pene rozándole el cuello del útero, mis manos apretando sus caderas. Disfrutando de la visión de su culito parado, surcado solo por el portaligas negro, y su entrada mojada. Disfrutando de la sensación de su conchita mojándose a tope conmigo adentro. Mojándose a tope solo para mí. Pese a que estaba quieto ella no paro de jadear.

Sin sacar mi verga un centímetro, le di un golpe de caderas y la penetre aun más profundo. Ella volvió a gemir y yo suspire del gusto. Entonces ella respondió.

-Tu putita… Tu perra… Tu esclava… Lo que mi amo quiera.- Y comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás. Cogiéndose sola; jadeando comenzando a gemir.

Le di una nalgada con mi mano derecha. Seguí su ritmo y la cogí en la escalera; en cuatro, como a una perra. Sus quejidos aumentaban y yo le seguía clavando la verga, sin fuerza ni suavidad. El olor de su conchita mojada subía hasta mi nariz, mientras tenia la vista de mi verga entrando en su apretada, depilada, suave y mojada conchita. El placer de sus labios contra mi verga, de su estreches contra mi tronco, su útero golpeándome el glande en cada embestida, y la suavidad de su piel en mis manos. Esa mujer me tenía en el cielo.

Lleve mis manos de sus caderas a sus pechos, de diosa pagana. Los acaricie y apreté, mientras ella se pegaba a mi cuerpo. Vendada y caliente seguía moviéndose, meneando su culito precioso; dibujando en el aire un pequeño símbolo del infinito. Se levanto con mis manos en sus tetas, se pego a mi cuerpo y con su mano izquierda se sujeto de mi cabeza; dejando nuestros rostros uno al lado del otro, escuchando ambos los gemidos del otro. Mientras su mano derecha se posaba en mis manos, sobre sus pechos; asegurándose de que no los soltara y los apretara como a ambos nos gusta. Mordí su cuello con fuerza y disfrute sus tetas en mis manos. Entonces murmuro en mi oído -Así. Cógeme así… No pares.-

-¿Por qué pararía? Si a tu dueño le encanta cogerte como la perra que eres.- Eso pareció calentarla de sobremanera; pues sola se inclino hacia delante y empino su hermoso culo lo más que pudo, para facilitarme la tarea de penetrarla. Cambie mis manos a sus caderas, de nuevo, e imprimí algo más de fuerza. -¿Te gusta así perra?-

-Siii… Me encanta cuando mi amo me toma por las caderas.-

-¿Te toma por las caderas, y que más perra?-

-Y me coge así.-

-¿Así como?- Ella estaba ocupada gimiendo para responder. Sus gemidos ya eran más fuertes y más graves. Debí preguntar de nuevo -¿Así como? ¿Cómo te coge tu amo?- E imprimí mas fuerza en mis embestidas. Mi verga, grande y dura, salía casi por completo de su conchita, para luego internarse en lo más profundo su coño mojado y apretado.

-¡Ooohhhhh…!- Fue su respuesta original; pero entre gemidos agrego. –Como… La perra que soy...-

-¿Te gusta como te coge tu dueño, perra?-

-Siiii… Me encanta.-

-Demuéstramelo perra. Ten un orgasmo para tu amo… Grita para mí.- Mi voz se había hecho más ronca producto de mi placer y del concentrarme en mi respiración. Me sentía dueño del mundo cogiéndome con fuerza a semejante hembra, a semejante diosa puta. El placer que me producía la fricción y roce lubricado, comenzaba a apoderarse de mí; comenzaban a hacerme desear mi orgasmo. Pero no era el momento, no aun.

Sin pensarlo le di una fuerte nalgada con mi mano derecha, y volví a sujetarla por las caderas. Ella empezó a gritar, inmersa en sus primeros orgasmos. Esa fue mi señal para cogerla aun más fuerte y aun más rápido; a todo lo que dieran mis músculos y mis pulmones. Sus gritos siguieron. Y yo seguí. Llego a quedarse quieta, incapaz de moverse por si sola; solo recibiendo mis embestidas. Hasta que sus gritos disminuyeron y enmudeció.

Me detuve. Manteniendo mi verga dentro de ella. Aun respiraba, aunque con mucha dificultad y muy rápido. Le di una última nalgada y salí de su conchita para dejarla acomodarse mejor, descansar un poco y reponerse. Aun no llegábamos a mi pieza. Y yo aun no me había venido. Oficialmente esto aun no comenzaba.

martes, 17 de febrero de 2009

CAPITULO 2º

VISITA Y REENCUENTRO




Mi mano izquierda estaba empapada de sus jugos. Su exquisito aroma me llamaba, así que no puede aguantar las ganas de meter mis dedos en mi boca, y saborearla. A la vez que ella respiraba con dificultad y sonreía de gusto, yo limpie todos mis dedos del lubricante de nuestro deseo.

Estaba sentada en la escalera. Con sus tacones altos, sus ligas y portaligas negros; y su falda de platos tapándome, apenas, la visión de su conchita mojada. Sus hermosas tetas se mecían al ritmo de su respiración; sus pezones estaban aun duros y rojos, producto de mis pellizcos. Sus piernas y la parte de sus ligas que cubrían el interior de sus muslos, estaban empapados de su deliciosa humedad. Estaba sudada, sucia entre las piernas y vendada. Y yo no podía estar un instante más sin hundir mi lengua en su humedad.

Ella no quería más guerra. Pero en sus labios se dibujaba una sonrisa de gusto; no solo por su orgasmo, sino porque estaba escuchando como me lamía sus jugos de la mano. Ella sola, sin poder hablar aun, abrió un poco más las piernas cuando yo me acerque. Su cansancio le impidió abrirlas por completo, de par en par, como a mi me gusta. Pero separo sus rodillas con una sonrisa y con su mano izquierda se levanto la micro falda; regalándome la hermosa vista de su mojada, suave y depilada conchita. Echo la cabeza hacia atrás y la apoyo en un escalón. Entregada a lo que sabia su dueño quería.

Me acerque y le separe aun mas las piernas; disfrutando del olor de su conchita roja por la fricción y por el placer. Con la misma mano con la que había hecho estremecerse de placer, toque con ternura sus labios suaves y su clítoris hinchado. Ella dio un pequeño y gentil suspiro de gusto. Le acaricie el clítoris y sus labios para calentarla de nuevo; pero más que nada fue para mojar mis dedos de nuevo. Ella se relajo y se volvió a calentar de inmediato.

-¿Te gusta putita?- Le pregunte.

-Ahhhhja.- Fue su respuesta. Con su respiración nuevamente convirtiéndose en jadeos y suspiros.

Pero mi objetivo era otro.

Deje de tocarla y lleve mis dedos húmedos a su boca. Más no toque sus labios en un principio. Sino que deje mis dedos por sobre su nariz, para que sintiera su exquisito aroma. Después de todo ella sabia lo que tenía que hacer, y le encantaba hacerlo. Abrió su boca, y de la separación de sus labios de ensueño saco su lengua, y comenzó a saborearse en mi mano. Metí dos de mis dedos en su boca y ella los chupo, con profundo deseo, como si se tratara de una pequeña verga. Gimió de gusto y de calentura, de saber que esos dedos venían de su estrecha y húmeda vagina. Tomo mi mano con sus manos y me limpio con su lengua y labios.

Yo ya me había arrodillado delante de ella para cuando le quite mi mano de su celestial boca. Abrí aun más sus piernas y comencé a limpiarle el interior de sus suaves muslos, con mi lengua. Ella suspiro al sentir mi lengua rozar el interior de sus muslos, perfectamente depilados. Yo me devoraba toda esa humedad antes de que se secara, en una competencia contra el aire. Comenzando desde el fin de la liga, en dirección hacia la gloria que me exhibía. Las cosquillas que le provocaba hicieron que riera un poco; demostrando que estaba viva y que aun podía llevarme el ritmo. Levante la mirada al escuchar su pequeña risa, dejando de lamer su firme muslo izquierdo, solo un instante; la vi parar de reír y morderse el labio inferior. Imagine su mirada de lascivia bajo la bufanda que le tapaba los ojos, y la mordí en el mismo muslo que estaba lamiendo. Sin rudeza, sin gentileza; solo para que recordara que no había venido a reírse. Ella evoco un gemido y levanto la cabeza del escalón; creo que miro por debajo de la bufanda, pero nunca estaré seguro.

-Tócate para mí.- Le ordene en voz baja, y seguí lamiendo sus muslo, el derecho ahora; avanzando cada vez mas cerca de su coño mojado y abierto por y para el placer.

Ella, sin levantar la cabeza del escalón llevo su mano derecha a su entrepierna. Preferí no verla tocarse aun, y me concentre en limpiarla bien de tan exquisitas manchas; pero la escuche suspirar más fuerte y cambiar de ritmo su respiración. Supe lo que hacía sin mirarla; lo había hecho para mí muchas veces. Estaba rozando su clítoris en círculos, solo como comienzo; quizás solo para mí. Yo me concentre en terminar de lamer hasta la última gota que encontré; y cuando llegue a sus ingles mordí la derecha, y succione con fuerza, sin soltar. Mi deseo de dejarle una marca era enorme. Que supiera que eso no había sido un sueño, que supiera su verdadero dueño que había vuelto solo por placer.

Ella gimió de gusto. Y al darse cuenta de que le dejaría un moretón trato de resistirse.

-No. Sin marcas.- Exclamo en una mezcla de gemido, reto y suplica; que me dejaron aun más caliente. Si es que eso era posible. Pero bajo ningún término, me hizo soltar mis fauces de su suave piel, buscando marcar hasta su músculo.

-Noooooo.- Siguió gimiendo. Yo la solté de golpe y la mire. Se había quitado la bufanda que le vendaba los ojos y tenia cara de molesta. Obviamente había adivinado mis intenciones. -Sin marcas.- Me repitió.

-¿Quién es tu dueño?- La rete.

-Tu.-

-¿Y vas a hacer y te dejaras hacer todo lo que tu dueño quiera, pero esperas que no te deje marcas?-

Fue entonces que su mirada cambio. Del enojo volvió la lujuria, acompañada con algo de miedo. Comprendió entonces que yo la marcaría como mía, de alguna de las muchas formas que habíamos inventado para eso. Quizás de todas las formas.

- Pero....-

-Tócate putita.- Fue mi orden para silenciarla. Ella no cambio su mirada, que no pude distinguir si era preocupación, enojo o algo más. Pero su mano izquierda empezó a rozar su clítoris.

-¿Creíste que venir a jugar conmigo no tendría consecuencias?- Dije con mi mejor sonrisa sádica. Al pasar de, entre sus piernas a recoger la bufanda que había quedado más arriba en la escalera. Al hacer eso mi verga quedo muy cerca de su boca. -Abre la boca putita.- Ella obedeció y yo me saque la polera. Apoye mis rodillas a los costados de su cintura y mi brazo derecho, el más fuerte, en un escalón sobre su cabeza; junto a la bufanda. En esa posición aproveche su celestial boquita abierta para meter mi verga; y comenzar a cogerle la boca.

Ella comenzó a suspirar del gusto, de tener mi gran verga en la boca, y estarse masturbando para mí. Su carita de calentura era angelical y estaba haciendo que me derritiera. Tomo mi verga con la mano derecha, dejando la izquierda para su coño; y comenzó a masturbarme mientras me succionaba el glande. Yo me limitaba a mover mi cadera en embestidas suaves, lentas y cortas; asegurándome de no atragantarla con mi verga; que se veía enorme entre sus hermosos labios.

-Ohhh. Que rico putita.-

Su deliciosa lengua me estaba dando un intenso placer, mientras su mano apretaba mi verga con la presión precisa; recorriendo todo el largo de mi tronco que quedaba fuera de su boca de ángel. Sus suspiros de gusto y placer acompañaban el chapoteo de sus dedos en sus coño; yo sumaba a ellos mis suspiros y mis jadeos de placer. Al no tener la venda puesta podía ver sus ojos cerrados y su carita de gusto y placer a la perfección; y su hermoso rostro de inocencia pervertida me llenaba de placer. Era una amante de la verga cuando la conocí, pero yo la transforme en la puta maestra que es; y eso me encanta.

-Te encanta chuparle la verga a tu amo ¿Cierto putita?- Le pregunte mientras levantaba mis caderas, para sacar mi verga de su boca y dejarla responder. Ella no respondió. Levanto su cabeza del escalón persiguiendo mi verga con sus labios; por lo que tuve levantar aun más la cadera, y volver a preguntar.

-¿Te encanta cierto?-

-Siii.- Respondió, y jalo mi verga con su mano para volver introducirla en el huracán de placer que era su boca.

-Lame mis testículos putita.- Le ordene y ella obedeció; mas no antes de levantar su cabeza y meterse lo que más pudo de mi verga en la boca. Yo gemí de placer y ella suspiro de gusto.

-¿Te gusta tu mano en tu coño? ¿Te gusta masturbarte para mi?- Ambos nos calentábamos más con cada pregunta, con cada respuesta; con cada intercambio de palabras. A ella le calentaba y encantaba que la hiciera hablar; me había confesado muchas veces lo puta que la hacia sentirse. Dejar de lamerme para responder era más fácil que sacar la mitad de mi grueso pene de su boca.

-Si. Me gusta mucho.- Respondió sin dejar de masturbarnos a ambos.

-¿Cómo esta tu conchita?-

-Mojada… Rica… Caliente…- Dijo entre jadeos, aun con su mano en mi tronco.

-Dame a probar.- Le ordene en un susurro. Ella dejo de hacer sonar su mano contra la humedad de su conchita y la llevo a mi boca. Al tiempo que volvía a meter mi verga en su boquita, metió sus dedos en mi boca. Yo saboree sus jugos con embelezo, chupe todo su néctar tibio y agridulce; saboreando hasta la última gota. Con un débil gemido de gusto y de placer, al sentir el sabor en mi boca y el placer de su boca; que buscaba más y más centímetros de verga que succionar.

Pero el sabor en sus dedos se acabo al poco rato. Y solté sus dedos de entre mis labios.

-Dame más.- Le ordene, mientras el gemido de placer que se me escapaba me hacia subir el volumen de mi orden. Ella llevo sus dedos a sus apretado coñito y después de unos instantes los devolvió a mi boca.

Cuando el sabor de su ambrosia se termino volvía a ordenarle. -Más.- Ella se llevo la mano, mojada con mi saliva, a su hermoso pezón izquierdo, y se lo humedeció y lo pellizco un poquito. Luego siguió el camino hasta su conchita, recorriendo toda su piel, solo para mi gusto.

Su mano volvió a mi boca. Y el placer de la suya sobre mi verga comenzaba a arrancarme roncos gemidos, acercándome a mi primer orgasmo. Mordí un poco la yema de sus dedos, cuando al soltarlos por terminarse su sabor, el placer de su mamada invadió hasta los confines de mí ser. Solté sus dedos y ella bajo un poco el nivel de la succión por un instante, y los devolvió a su conchita. Entonces volvió a chupar como lo estaba haciendo y el placer volvió. Ella se masturbaba, no para que saboreara su calentura desde sus dedos, sino solo para darse placer; caliente por lo que me estaba provocando. Yo apoye ambos antebrazos en el mismo escalón, preparándome para lo que venia. Comencé a mover mis caderas a cogerme su boquita de ángel, al tiempo ella soltaba el tronco de mi verga y se sujetaba de mis caderas para darme placer solo con su boca.

-Ohhh si putita… Chúpamela así… Que ricoooooo…- Le dije. Consiente de que quería darme un orgasmo, y seguro de que mi entrenamiento tantrico me haría capaz, más que soportarlo, de disfrutarlo sin eyacular. No en su boca al menos.

El placer se hacia más y más grande. Su boca me tenía en el límite, ella lo sabía y lo disfrutaba. Mis gemidos crecían y tuve que detener mis caderas para no atragantarla; pues ya no controlaba mi cuerpo. Ella continuo levantando y bajando su cabeza, sujeta de mis caderas; habiendo olvidado su placer y cambiándolo por el mío. Haciendo subir y bajar sus labios, por la extensión de toda la verga que le cabía en la boca; que era bastante. Me llevo al límite, y mis gemidos se transformaron en un gruñido intenso. Aun con mis ojos cerrados, podía ver el placer que atacaba mi cerebro, como pequeños destellos de luces detrás de mis ojos. Me levante en un gruñido de placer, cuando ella sobrepaso mi límite; deje mis manos en el escalón donde antes estaban mis antebrazos, estire y arquee mi columna, y penetre más su boca.

-¡No pares! ¡No pares!... Ohhhh… ¡ARRHHHGGGGGRRRRRRRR!- Fue la explosión final de mi orgasmo seco.

Pero ella no se detuvo. Sádica, y perversa. Transformando mí placer en tortura. Como de costumbre tuve que quitarle la verga de la boca. Al hacerlo me desplome junto ella; quien me hizo un lugar en al escalera. Ahora el traspirado por completo era yo.

viernes, 13 de febrero de 2009

VISITA Y REENCUENTRO

CAPITULO 1º



Yo acababa de dejar todo listo sobre la cama cuando alguien grito a la puerta. Era ella. Vestida con una minifalda escocesa de tablas, que apenas le tapaba la cola, una polera ajustada, ligas negras y un portaligas. Tal y como yo le había indicado que lo hiciera. No se veía en extremo contenta, pero la conozco lo suficiente como para saber que estaba muy a gusto con lo que le iba a pasar.

Saque la cabeza por la ventana del segundo piso y le dije que ya bajaba; que entrara al antejardín mientras tanto, que la reja estaba abierta. Ella hizo caso, y entro a la casa como lo había hecho tantas veces.

Su pelo estaba tomado en una especie de tomate o cola, que por el hecho de ser hombre no se como nombrar. Pero dejaba ver su hermoso cuello, tentador, suave y calido; tal y como yo lo recordaba. Sus pechos se veían también tentadores, en esa polerita ajustada y escotada; el negro siempre le había venido bien.

Yo ya estaba caliente hace rato, de solo pensar en todo lo que haríamos. Todo lo que ella siempre se dejaba hacer, y todo lo que ella hacia… y decía. Así que baje la escalera rápido.

Abrí la puerta sin pensar antes en que le diría. No habíamos hablado hacía ya mucho, no de buenas maneras al menos. Aun la odiaba pese a lo mucho que me calentaba. Algo dentro de mi quería darle dolor y placer, como a ella le gustaba, pero con una rabia oscura y sádica. El dolor era lo que importaba, que a ella le produjera placer era solo un bono extra. Estoy seguro de que ella lo sabia, o se lo imaginaba. Ella estaba allí casi sonriendo y meneando un poco el cuerpo entre ansias y alegría de tenerme a su merced; de cierta forma al menos. Y yo sin saber que decir. Así que no dije nada y la invite a pasar con un gesto.

Ella entro sin decir hola. Se sonrió al pasar junto a mí mientras me embriagaba con su perfume. Al alejarse de mí en dirección al living meneo su colita para ponerme cachondo; y con esa mini falda tan cortita lo logro. Luego se dio vuelta, y no se que cara debo haber tenido pero se sonrió de oreja a oreja. Entonces bajo su mirada a mi erección y se llevo un dedo a la boca y lo mordió sonriendo; con esa sonrisa de niña buena con malos pensamientos, tan suya. Se acerco. Yo tome la bufanda que había dejado en la entrada de la casa justo para ese momento; moví uno de mis dedos diciéndole que se acercara. Ella meneo la cabeza en negativa aun sonriendo.

-¿Estas enojado?- Pregunto.

No tenia ningún caso ocultarlo, mi cara siempre ha sido transparente y ella me conoce bien. Por lo que moví la cabeza en afirmación, mientras ella caminaba hacia mí, muy sonriente y coqueta; haciendo sonar sus zapatos e tacón sobre el piso. Yo aun no quería dirigirle la palabra.

Llego junto a mí y estiro una de sus manos que puso sobre mi pecho, luego se acerco algo más. Con su sonrisa, de saber que en parte esto ocurría contra mi voluntad, bajo su mano de mí pecho a mi paquete. Con suavidad acaricio mi verga, mientras, sabia, atacaba mi ego. Estando tan cerca se envaro para besarme; pero mi metro ochenta de altura dejo su boca lejos de la mía. Supo entonces que no quería besarla y que ella no podría besarme si yo no lo quería.

Apoyo sus ricas tetas contra mi y mientras seguía acariciando mi verga por sobre el pantalón. Sin dejar de sonreír dijo -El si quiere.-

Vio que el comentario me molesto un poco, pero no se sorprendió de eso, ni de que mi mano izquierda tomara su cintura. Yo ya estaba tratando de tomármelo lo mejor posible; tal y como había acordado hacerlo conmigo mismo, días atrás. Trate de no pensar y solo sentir su aroma entre mis brazos de nuevo, y su mano en mi verga. Poco alcance a mentalizarme cuando sus labios se movieron para decirme -No te enojes. Yo voy a ser una niña muy buena, y voy a hacer todo lo que mi dueño me diga que haga.-

-¿Todo lo que tu amo te diga, putita?- Pregunte incrédulo, y más caliente que antes.

-Todo, todo.- Respondió ella con ternura, diciendo si con la cabeza. Y una sonrisa maliciosa volvió a apoderarse de su rostro mientras apretaba con más fuerza mi verga y con su otra mano apretó mi culo. Ella tenia muy claro que me encanta que me agarren el culo.

-Todo es muy amplio putita ¿Estas segura de que lo vas a cumplir?- Yo quería asegurarme de que ella cumpliría su parte del trato; pues no es muy buena cumpliendo tratos.

-Si, todo. Incluso me voy a quedar muy quieta mientras mi amo me penetra el culito.- Fue su respuesta. Mi erección fue la mía.

Me acerque a su cara y ella estiro el cuello para besarme; pero yo la tome del mentón con mi mano derecha, y le levante la cabeza para morder su cuello. Ella se dejo hacer mientras pasaba mis labios por tan delicioso cuello, la sentí estremecerse cuando abrí mi boca para rozarla con mi lengua. Gimió cuando hundí mis dientes en su cuello; sin mucha delicadeza, debo decir.

Mi mano izquierda paso de su cintura a pegarla contra mi cuerpo, y agarrar su colita, tan rica, por debajo de su falda. Le abrí el culo apretando y tirando una de sus nalgas; todo mientras mordía su cuello y ella gemía, en susurros de placer. Entonces toque su conchita por sobre sus pantaletas de encaje, cuyo color hasta entonces desconocía. Comprobé que estaba bien mojada y jugué con su húmeda conchita por sobre el encaje. Ella dejo de gemir y comenzó a respirar fuerte y a jadear.

Entonces la tome de las caderas y la giré de golpe; abrí un poco las piernas para quedar más a su altura, y deje su precioso culito pegado a mi paquete. Ella tal y como prometió se dejo hacer. Mis manos bajaron de sus caderas a su entrepierna mientras sus manos subían a perderse en mi pelo suelto y largo. Mis labios, mi lengua y mis dientes seguían jugando y mordiendo su cuello. Ella jadeaba y respiraba fuerte, mientras jugaba con mi pelo y se dejaba tocar; caliente como la puta que es.

Dejé de tocar su entrepierna, por debajo de la falda y volví a tomar la bufanda, impregnada de mi perfume. Le rodee la cintura con ella, apretando su cola, la cual ella paro, contra mi erección. De allí la fui subiendo por su vientre y sus tetas hasta llegar a su cuello. La ahorque un poco con ella; le susurre en el oído -Sácate la polera.- Y la solté. Ella se separo de mí y obedeció quedando solo en sostén delante mío. Luego se acerco y de nuevo me acaricio la verga por sobre el pantalón.

-Me gustaría saludarlo. Déjalo salir a jugar.- Dijo con su mejor voz de niña buena. Tomo mi cinturón e intento abrirlo sin éxito. -Pucha. Nunca puedo.- Fue su infantil y sonriente reclamo.

-¿Le quieres chupar la verga a tu dueño?- Le pregunte, dejando la bufanda sobre mi hombro y dirigiendo mis manos a mi cinturón.

-Si. Le quiero dar un beso.- Fue su coqueta respuesta.

-Arrodíllate.- Le ordene mientras me abría el pantalón, y sin ropa interior sacaba mi afeitada y dura verga, para que se la pudiera meter en la boca a gusto.

Ella obedeció, tal y como había prometido. Se arrodillo frente a mi erección y la tomo con su mano derecha del tronco y con la izquierda la acaricio, desde la punta hasta dejar su mano en mis testículos. -Que grande esta.- Dijo antes de pasarle la lengua y darle un beso en la punta; luego comenzó a lamerla toda, para al fin meterla dentro de su boca y comenzar a chuparla, soltando gemidos de gusto.

-¿La echabas de menos?- Le pregunte sin saber por que, mientras mi respiración se hacia más pesada y comenzaba a soltar algunos gemidos de mi parte. Ella subía y bajaba sus labios por mi tronco succionando y jugando con su lengua, mientras acariciaba mis testículos; tal y como yo le había enseñado, tanto tiempo atrás.

Saco mi verga de su boca sonriéndome para contestarme. -¿Tu que crees?- Y volvió a lamerla desde la punta, bajado por el tronco hasta llegar a mis afeitados testículos, los cuales beso y lamió con devoción. Mientras con su mano derecha me masturbaba mi mojada erección, y me producía un intenso placer.

-Yo creo que echabas de menos algo así de grande en tu boca.- Le respondí con los ojos cerrados, en un suspiro de placer.

Ella abrió sus grandes ojos cafés para mirar fijamente a los míos un momento, y luego volvio a cerrarlos y a concentrarse me chupar como ella sabia que me encantaba. Yo la tome del pelo con un mano y acaricié su rostro con al otra. Dios que placer me estaba dando; era demasiado así que después de unos minutos más la separe. Mi verga estaba roja y toda mojada. Ella tenía esa mirada de desear más.

-Tranquila que ya habrá más.- Le dije adivinando sus pensamientos. Ella sonriendo se puso de pie. Entonces le puse la bufanda sobre los ojos y la vendé. La hice volver a girarse y pase mis manos por su vientre desnudo, y las subí por sus costillas hasta meterlas debajo de su sostén y acariciar sus tetas. Pellizqué ligeramente sus pezones, mientras le volvía a morder el cuello. Ella tomo mi verga que jugaba en la piel de su espalda y comenzó a masturbarme. Yo termine de sacarle el sostén, el cual quedo tirado, al igual que su polera, en el living. La cogí fuerte por el pelo y la hice caminar hacia la escalera. Ella acepto sin ninguna resistencia, aun sujetándome por la verga erecta y algo húmeda.

Antes de subir la escalera la acerque a la pared, haciendo que sus deliciosos pezones y sus ricas tetas tocaran la fría pared de ladrillo y yeso. Ella se sobresaltó un poco, al sentir el frío; pero con una risita demostró su aceptación ante mi juego. Puso sus manos en la pared y se quedo ahí mientras yo manoseaba su culito firme, tratando de llegar a su conchita con mis dedos.

-Para la cola.- Le ordene. Ella separo sus pechos de la pared y levanto su delicioso culo; provocando que la micro falda escocesa fuera incapaz de cubrirlo. Dejando ver la gloria de su rosado y casi translucido encaje cubriendo su coño depilado y mojado.

Le di una fuerte nalgada, incapaz de contenerme. Luego aproveche para meter mis dedos entro sus nalgas, y tocar su conchita por encima del rosado encaje, con mi mano izquierda. Deseaba la textura de sus labios vaginales, de su humedad, de su suavidad. Ella respiraba con fuerza y daba susurros de placer inmersa en su calentura. Con la mano derecha le di otra nalgada; antes de bajarle las pantaletas, y dejárselas a medio camino en sus muslos. Entonces toque sus mojados labios, tratando de llegar a su clítoris, para luego meterle mi dedo mediano dentro; y comprobar así, su divina estreches. Con mi mano derecha le di otra nalgada, atento a su gemido; mientras seguía jugando con sus labios y de vez en cuando introduciendo un dedo en su coño.

Ella estiro hacia atrás una de sus manos, buscando encontrar y tocar mi verga. Pero yo la tome firme por el pelo y le dije -Manos contra la pared.- Ella obedeció sin decir nada. Y en premio metí en su conchita dos dedos en lugar de uno. Deje mi índice y meñique fuera, e introduje mi anular y mediano, lo más profundo que pude; encontré el cuello de su útero y comencé a acariciarlo en círculos. Produciéndole un placer que sus suspiros no buscaban ocultar. Comenzó a moverse, a ondular su cola. Y yo a rotar mis dedos, dentro de ella, más y más rápido. Sus suspiros se convirtieron pronto en jadeos.

Unte mi pulgar derecho en su humedad, que iba en aumento, y con el comencé a acariciarle la entrada de su culito. Si le molesto nada dijo y solo se dejo hacer, mientras comenzaba a jadear más fuerte. A poco la entrada de su culo se iba dilatando hasta dejar entrar la yema de mi pulgar. No quise penetrar su rosada entrada; consiente de que el roce por fuera era lo que más disfrutaba, en un principio. Saque mi mano derecha de su colita parada y rote mi posición a un costado de ella. Con mi mano derecha comencé a acariciar sus tetas.

-¿Esta rico?- La interrogue, conociendo ante mano su respuesta.

-Siiiiiiii.- Respondió ella en un largo cruce entre susurro y gemido. Mientras mis dedos rotaban alrededor del cuello de su útero, y traban de introducirse lo más posible, dentro del mar en el que se transformaba su conchita.

-¿Te gusta como te toca tu dueño, putita? También conocía la respuesta. Quería oírla. Quería oírla desde hacia tiempo. Me calentaba en extremo escucharla; y sabía bien que a ella la ponía muy cachonda y muy putita el hablar, viéndose forzada a responderme.

-Me encanta.- Fue su respuesta. En un gemido no muy fuerte, pero menos confundible con un susurro. Meneaba su cola en busca de placer, y trataba de separar las piernas lo máximo que el permitía su rosada pantaleta. Pero en esa posición, el tocarla así era muy incomodo y mis dedos ya comenzaban a dolerme; atrapados en su mojada estreches.

Deje de rotarlos en su interior para dejarlos quietos y mover mi mano. Pues mi pulgar izquierdo en la entrada de su culito, y comencé a presionar ligeramente, sobando en pequeños círculos durante un momento. Solo para asegurarme de que se siguiera dilatando de apoco. Al tiempo que pellizcaba un poco sus duros y gruesos pezones de deidad pagana. Luego solo deje mi pulgar ahí. Y con mi anular y mediano dentro de su coño mojado, mi meñique y mi índice en la posición de los cuernos del heavy metal; empecé a mover toda mi mano izquierda de arriba hacía abajo. Penetrándola fuertemente con mis dedos, punzando su punto G. Sus susurros acabaron, ahora todo eran gemidos y respiración entre cortada. Ya no meneaba la cola ni movía las caderas. Ahora sus piernas le flaqueaban, mientras se deshacía en jugos y gemidos, cada vez más fuertes y más roncos.

-¿Quién es tu dueño?- Le pregunte, con una sonrisa maliciosa en mis labios. Ella estaba demasiado ocupada gimiendo; llegue a dudar que me hubiera oído siquiera. Sus hermosas piernas parecían no poder con su poco peso. Mi mano, la misma mano que al estaba volviendo loca, con el simple movimiento de arriba a bajo; debía sujetar su peso y evitar que cayera, y que eso le impidiera llegar a su primer orgasmo.

Sus gemidos continuaban “in crescendo”. Sus jugos llegaban hasta su pantaleta, derramándose desde su conchita por el interior de sus muslos. Su orgasmo se acercaba rápidamente, pero aun le faltaba; por lo que pellizque con fuerza su pezón izquierdo, y escuche sus gemidos crecer, comenzar a convertirse en gritos de placer.

Me dedique a mirar su rostro. Observe como, a pesar de no poder ver sus ojos en blanco, por la venda; su boca abierta y su respiración pesada mutaban sus facciones en una hermosa mueca de placer. No pude contener mi calentura. Y justo cuando entraba en el primero de sus, inconfundibles, orgasmos múltiples; me acerque a su cubierta oreja.

-¿Quién es tu amo putita?- Le pregunte de nuevo, ahora a un volumen más alto. Dejándola sentir mi respiración en su rostro.

Ella no respondió de inmediato. Trato de articular palabras, y al no permitírselo el placer se mordió el labio inferior, tratando de dejar de gritar. Ella sabía lo que pasaría si no me respondía; había pasado antes, era mi amenaza de siempre para cuando no me respondía. Aun así se lo dije. Por calentarme más, por calentarla más; para recordarle que estaba en mis manos y a mi merced.

-Respóndeme, o paro putita.- Fue mi amenaza. Ella soltó otro grito, entrecortado por su respiración, y trato de controlarse. Sus piernas volvieron a flaquear, y estuvo a punto de caerse. Pero esa breve interrupción sirvió para que pudiera responderme.

-Ahhhhh. ¡Tuuuuuuuu! ¡Tu eres mi amo!- Fue su orgásmica y gritada respuesta.

Abandone su pezón izquierdo, y le pellizque el derecho con fuerza. Para que ninguno sintiera celos del otro. Al tiempo moví mi cansada mano izquierda lo más rápido que pude. Premiando su respuesta, con mayor intensidad en su corrida. Su conchita exploto en jugos. Y cuando sus piernas fallaron por completo y se flexionaron sus rodillas; yo baje con ella sin soltar su pezón ni dejar de mover mi mano. Con mi rostro pegado su mejilla, la sentí convulsionarse hasta el último instante en que saque de golpe mis dedos de su interior.

Transpirada, cansada, y respirando fuertemente por la boca; la ayude a sentarse en al escalera. Le quite su pantaleta de encaje rosado, y la mire con diversión. Acaricie sus firmes tetas con ambas manos para ayudarla relajarse. De a poco una sonrisa se dibujo en sus labios, mientras aun jadeaba de cansancio.

Nunca entenderé alas mujeres, en ese aspecto al menos. Los hombres hacemos todo el trabajo y ellas son las que terminan muertas.